a veces no queda más opción que tomarse otro café

dejo de escribir porque… me aburro. se me vuelve una operación automática, una tarea más. pero ahora que lo pienso debería seguir, por ahí en medio de el automatismo y el hábito, aparece algo que me sorprende y me sacude el aburrimiento. creo que ya escribí algo sobre los hábitos acá, es un tema que me interesa y quiero explorar. si sigo escribiendo podría verificar, o no, que ciertos hábitos pueden desestabilizarse en algún momento (a menos que uno sea García Márquez y siga escribiendo siempre el mismo libro. esto es una suposición porque hace mucho que dejé de leer a GM). además, yo no quiero escribir mejor, quiero escribir peor. y para eso hace falta otro tipo de práctica, o más todavía, limpiarme de toda práctica.

hablando de hábitos, el otro día, en una librería de DUMBO vi que había salido un libro sobre los hábitos (sí, quiero decir que estuve en DUMBO y que hace mucho que no iba y que es lindo porque uno ve el puente desde una perspectiva desacostumbrada, no habitual). pero sin ni siquiera abrirlo, mis manos estaban ocupadas en otra cosa, sospeché que ese libro no me iba a dar nada interesante. igual eso es lo de menos, a veces un montón de pavadas inspiran. nos hacen decir, pero, no, hay que pensar un poquito más, y entonces pensamos. estoy segura que ese libro había experimentos y resultados, estadísticas y observaciones, y a mí me interesa el aspecto poético del hábito, y de todo en realidad. por eso vivir es tan difícil (aunque no tanto). lo peor de todo era la tapa. todo esto mientras mis manos se ocupaban de otras cosas y mi cuerpo y mis ojos se alejaban cada vez más del libro, así que tómenlo con pinzas, o con las puntas de los dedos. tenía el fondo blanco y dibujos geométricos, amarillos. un amarillo frío -¿porque tenía verde?- y letras grandes y negras. no había armonía entre esos colores, y la desarmonía no conducía a ninguna parte ni trataba de probar nada. o sí, tal vez se trataba de una tapa de libro no habitual; una que en lugar de llamar la atención del público atrayéndolo a buscar algún placer visual, perturba su vista al presentarle algo a lo que no está acostumbrado, que hacía doler los ojos. es decir que el libro habla sobre los hábitos desde su mismísima tapa. de todas maneras jamás me hubiese permitido comprar ese libro, para algo están las bibliotecas. en cambio, me compré un libro de escritos y entrevistas de Louise Bourgeois, en los que habla del padre. ya sé que soy un cliché, pero amo a Louise Bourgeois. me gusta esa combinación artístico-intelecual-doméstico-maternal. y también muchas de sus obras.

después sigo con este tema porque son las 8 y 59. la cocina se me cae encima, quiero teñirme el pelo, y trabajar. p. se llevó al niño al jardín, empieza a correr el reloj de arena. ya estoy en la entrada del túnel, dentro de algunas horas estaré del otro lado y mejor que sea con algo. me propuse terminar el borrador de esta gran sección antes de irme a philadelphia, eso significa: mañana, porque el sábado no voy a poder trabajar. y tengo que escribir dos partecitas. una ya está preparada, la otra no. así que chau.

indecisa pero no.

soy tímida pero no.

a veces no queda más opción que ponerse a limpiar.

esta primavera fui osada. en lugar de plantar los tomates de siempre, decidí experimentar con tulipanes. fue un experimento muy breve. se secó la flor, y pocos días después todo lo demás. quedaron dos macetas vacías, pero sólo en apariencia. ellas esconden los bulbos de los tulipanes. estuve navegando la web, tratando de averiguar qué hacer con los bulbos pero las versiones, como los tipos de tulipanes, se multiplican. entonces ya no sé si me conviene dejarlos en las macetas, sacarlos y separarlos (aparentemente los bulbos producen otros bulbos más pequeños), si guardarlos en el sótano o en la heladera, envolverlos en papel o ponerlos en una bolsa, etc. etc. etc. lo que sí creo haber entendido es que se secaron muy rápido. entonces, quizás, ya están arruinados y no vale la pena guardarlos. pero cómo saber. decidí sacarlos de las macetas y guardarlos. y quizás el año que viene se produzca el milagro. la posibilidad del año que viene y del milagro me parecen igualmente remotas pero hay que confiar, hasta cierto punto, porque así es la vida.

las frutillas, por su parte, se cuidaron solas durante todo el invierno, que fue muy suave, y en cuanto dejó de hacer frío crecieron muchísimo, florecieron y se llenaron de frutillas que están todavía verdes. nos dio mucha alegría y me dio mucho trabajo convencer al niño que había que esperar hasta que se pusieran rojas. pero ayer la vecina me dijo que apenas se ponen rojas las picotean los pájaros, que seguro que van a llegar antes que el niño, y que debería cubrirlas con una red o algo. entonces ya se instaló, entre la posibilidad de las frutillas y yo, ese trámite de ir a una tienda y ver qué corno hay que comprar para proteger a las frutillas de los picos golosos, y llegar al momento en que una mano regordeta arrancará una frutilla para llevársela a la boca, para producir una cara cachetona manchada de rojo y quizás también una remera. los pies ya van a estar sucios de tierra.

Tontos que son un poema de imbecilidad. R. Arlt.

está pendiente el tema extranjero - cultura americana. ay, ¿es comparable el programa de colbert con el de pettinato? no puedo saberlo, porque nunca vi ni siquiera un segundo del programa de pettinato. lo único que sé sobre este personaje es que participó del grupo SUMO y que es muy rígido. y no me refiero a su personalidad o carácter, no. hablo de su manera de conducirse físicamente. siempre me llamó la atención que pudiera tocar el saxofón y producir algo remotamente parecido a una melodía. pero, quién sabe, quizás sus dedos tienen la capacidad de comportarse de manera completamente independiente del resto de su cuerpo. ahora entiendo todo lo que perdí al no fijar mi atención en pettinato, ¡no verifiqué la magia de sus dedos! lograr una división tal es, sin dudas, un mérito increíble. o quizás encontró la manera de no tener que tocar nunca una melodía y solamente producir sonidos que se corresponden a su posibilidad de mover su cuerpo. quién sabe. ahora que acabo de escribir esto supongo que después de todo debo haber viso el programa pero nunca pude ver más allá de su cuerpo y sus movimientos y me perdí todo lo demás. y nunca lo vi tocar el saxofón.

el problema es que yo no veo televisión. nunca miré, y así sigo. no podría decir por qué no veo televisión. creo que es porque me aburro. no tengo la paciencia de cambiar los canales hasta encontrar algo que quiero ver ni de soportar los comerciales. y ahora, con la alta definición o esa cualidad nueva de la imagen, tan real, tan grande y de colores tan estridentes, la televisión se ha convertido en algo monstruoso. ¿a qué se corresponde esa imagen que la televisión nos ofrece? ¿qué clase de realismo es ese? antes la tele era un mundo distante, pequeño, mal definido, poco amenazante, familiar. ahora es cosa de otro mundo y, sí la dejamos, no sé qué podría hacernos.

supongo entonces que no puedo hablar de ninguna cultura, porque la televisión es componente muy importante de la cultura popular, promedio, de un país.

igual voy a despacharme sobre el asunto, en cuanto pueda. porque por eso me puse este nombre de “cronista sentimental”. para poder decir lo que quiero sin tener que rendir cuentas a nadie. o, bueno, algunas cuentas puedo rendir pero no muchas.

lo que yo venía a decir es que mi “sensibilidad” (no me pregunten qué quiero decir con sensibilidad porque no lo sé, aunque lo estoy investigando, ahora mismo) está dividida entre la palabra y la imagen. es una cruz. sí, en los dos sentidos, un castigo y una intersección. tendría que haber seguido la carrera de historiadora del arte que, además, es  altamente glamorosa. y a mí el glamour me gusta (aunque no se note). en el diccionario de la RAE glamour es un “encanto sensual que fascina”. ¿?.

presenté una solicitud para una beca, para transformar un trabajo final en un artículo publicable pero ya me arrepentí. igual todavía no la gané, así que por ahí ni siquiera tendré oportunidad de arrepentirme. pero ayer estaba pensando que en el tiempo que me queda libre, o sea ninguno, quiero hacer otras cosas y no dedicarme a escribir aún otro artículo. yo se cómo estirar ese tiempo inexistente, hacer de un punto una línea, crearlo y dedicarlo a una actividad, modesta pero actividad al fin. pedir la beca y quizás ganarla era, más que nada, una cuestión de tener cierta certeza sobre mis poderes de progresar, de ir hacia algún lado después de un año en que, bueno… dejemos al año en paz, pero ahora ya siento que no tengo que probarme nada y que no tengo ganas de rescribir ese ensayo aunque hay algunas cositas ahí que quisiera seguir investigando.

más que nada quiero anunciar aquí que atrapamos la marmota grande. después de desplegar mis múltiples teorías sobre por qué esta marmota, la grande, la que se come toda nuestra lechuga y nuestro brócoli, no aparecía ni se dejaba tentar por mis deliciosas manzanas deliciosas, ayer cuando volvimos de la casa de mi amiga mi marido me dijo que la marmota estaba en la jaula. y yo no le creí. estaba tan segura de que no iba a caer que ni siquiera miré. pero, sí, ahí estaba. nos acercamos y no se asustó, se quedó quieta. quizás porque tenía la panza llena de manzanas viejas y pasadas por agua. es un bicho muy lindo y simpático pero también salvaje, libre. y eso es evidente. nunca se me había ocurrido pensar en la diferencia de actitud que hay entre un animal salvaje y uno que no lo es. los primeros expresan su desconfianza de una manera tan evidente que casi se puede tocar, es como si levantaran un muro invisible pero espeso entre ellos y nosotros. espero que a la marmota le vaya bien en su nuevo hábitat. supongo que pedir que se encuentre con la otra sería mucho pero… quién sabe.

el canasto, por su parte, sigue vacío. a la tarde hacemos cosas lindas y cuando llego a casa ni me acuerdo del canasto y su vacuidad. tengo hambre y cansancio, y otras ganas.

ayer pensaba en una cuestión que me llama la atención desde que vine a vivir a este país: cómo los extranjeros nos relacionamos con la cultura americana, cultura en el sentido más general. dos cosas me hicieron volver al tema, la actitud de mi amiga y., que es diferente a la de la gran mayoría, y el programa de Colbert. no lo veo nunca pero ahí hay algo.

me tengo que ir.

por fin salió el sol. llovió muchos días y uno de esos días llovió mucho. tanto que tuve que usar el limpiaparabrisas en la velocidad más alta. le pido días como el de hoy a la primavera, pero la primavera es también eso otro, intenso y fuerte, vientos, lluvias. quizás es más eso que sol y brisitas. una especie de fuerza suave necesaria para arrastrar todo lo que estuvo quieto y silencioso durante muchos meses a otro estado. para que se produzca el cambio. ya en el verano habrá otra especie de quietud y de silencio, a veces húmedo, a veces polvoriento y quemante. no sé de dónde salió eso de que la primavera es toda flores y amor.

ya ayer por la tarde el tiempo había mejorado y el niño quiso salir en la bicicleta. era tarde, pero salimos igual y fue lindo y vimos cómo el sol se iba poniendo de a poco y respiramos humedad de lluvia mezclada con sol. en el camino compramos leche, las  peras más jugosas y unas bananas muy verdes.

me quedé pensando en lo que escribí ayer sobre lydia davis. supongo que la suya es una escritura obsesiva que registra los detalles, muchos de ellos. y sí, como dije, precisa. pero, paradójicamente, en lugar de especificar, esa precisión produce más ambigüedades, las multiplica. o quizás es porque hay muchos detalles o variables lo que hace las cosas más complejas y por eso más ambiguas. tendría que releer.

el canasto de fibras naturales sigue vacío. esta mañana barrí la cocina y salté a la bicicleta.  es el sol, la cara buena de la primavera.

quiero poner comentarios, pero en tumblr no se puede. no fui muy comentada, nunca, pero era lindo encontrar, de tanto en tanto, el comentario ocasional. en fin. habilité una función que deja hacer preguntas. aunque uno puede transgredir esa orden “ask” y escribir lo que quiera. supongo que esto es una invitación.

desde la ventana de mi oficina —cuánto tiempo le quedará a esta oficina, me pregunto— veo otro new haven en el que también hay un estacionamiento. pero este es simplemente un negocio, el conductor paga a cambio de tener un espacio para dejar su auto. a la izquierda del estacionamiento, un edificio espejado de oficinas. marrón. eso es todo lo que veo. estoy segura que en este no va a haber naranjas ni nada de eso pero quién sabe… el único problema es que para ver lo que haya para ver tengo que levantarme de la silla y asomarme un poco y eso no pasa muy frecuentemente.

me quedé pensando en lo que escribí ayer: quedamos new haven y yo, yo enfrentada a todos los pensamientos y las emociones que en las temporadas más ocupadas del año se pierden por ahí y se arreglan como pueden. algunas de estas emociones me perturban mucho, y con razón. en el pasado, buscaba explicación, seguramente pensando que si lograba explicarlas iban a desaparecer, desocupar ese espacio inexistente pero a la vez tan real. pero un día me cansé y decidí darles a esas emociones lo que ellas me pedían, recibirlas y aceptarlas sin hacerles demasiadas preguntas. a veces me parece que debería ser un poco más sabia al respecto pero supongo que es así, uno puede ser sabio en relación a muchas cosas pero no a lo que nos concierne más íntimamente. fue una buena idea, tengo que decir. quizás más que una idea una posibilidad que se dio por vaya a saber qué razones. lydia davis escribió un texto en el que habla de esto mismo y dice, a su manera, precisa y sin adornos, que un día había dejado de preguntarse lo que sentía y por qué lo sentía.

en otro orden de cosas. conseguí ubicar el canasto nuevo en un buen lugar en la cocina, aunque todavía no cambié los repasadores de lugar. en realidad me gustaría pintar las paredes de blanco y cambiar ese mueble tan grande por uno más chico pero eso no es posible, o no vale la pena. el verano próximo estaremos en otro departamento.

este post es aburrido pero es lo que hay. mejor empiezo a trabajar.

bueno, terminó el semestre y con él terminaron otras cosas. ahora quedamos new haven y yo (al menos durante las horas en que el niño está en la guardería y marido en el trabajo). es que levanto la vista de la computadora y la veo, new haven en la ventana. el estacionamiento de la iglesia, la iglesia, el árbol, ahora lleno de hojas, la resumen y la simbolizan. porque… qué puede tener menos personalidad que un estacionamiento. nada. o sí, new haven. esta mañana justamente iba oyendo un programa de radio en el que se discutían las ventajas y desventajas de vivir en connecticut y la palabra “aburrido” sonó varias veces. o sea que no soy yo sola. igual admito que ahora que no oscurece tan temprano este lugar nos depara bastantes placeres.

el otro día habían estacionado una naranja. sí. en el estacionamiento. tenía hasta las dos hojitas que a veces les dejan a las naranjas para que parezcan más naturales, para que estén más cerca de su árbol y nos acordemos que antes de existir ellas estaba la flor del azahar. y durante un par de días el estacionamiento tuvo un poquito de personalidad, un pizca de misterio. un dadaísmo. ¿de dónde salió esa naranja? ¿qué es? no me acerqué porque no quería saber qué era, aunque puedo imaginar algunas posibilidades. prefería quedarme con la imagen de la naranja desalojada y abandonada en el estacionamiento. pero se la llevaron al cabo de unos días. me pregunto si los de la iglesia se habrán quejado porque les estacionaron la naranja donde deberían ir los autos de los fieles. o porque la naranja les podía robar cierta atención o, incluso, restarles credibilidad. y para ellos la credibilidad es todo.

pero retomando el tema quiero decir que la iglesia tiene apenas más de personalidad que el estacionamiento. es que a las iglesias de acá les falta profundidad, o contexto. en buenos aires uno sabe qué esperar de una iglesia, cómo son los fieles, qué objetos hay adentro, etc. acá eso es imposible. saber qué religión se profesa en la iglesia obliga ya a una averiguación. y además hay iglesias por todos lados, sí. uno pensaría que en cualquier país latinoamericano hay más iglesias que acá, pero no. en mi barrio hay una cada dos cuadras, por lo menos. están ahí para satisfacer todas las necesidades del consumidor religioso, o la manifestación diversa de esas necesidades. o, mejor dicho, para crear esa diversidad. la misma estrategia que las tiendas y su proliferación de productos. poca profundidad, sólo satisfacer los caprichos espirituales del momento.

hablando de tiendas, hoy, después de dejar a mi hijo en el jardín y de escuchar el programa aburrido sobre connecticut fui a una tienda. ahora que terminó el semestre, y con él tantas cosas, siento una inclinación por ocuparme de mi casa, que estuvo a su merced durante muchos meses. limpiar, ordenar, decorar. pero, claro, como yo soy yo, encaro estas actividades de la manera menos práctica imaginable. limpié 1/8 del piso de la cocina, eso sí, bien a fondo con una esponja y cif, y ordené los libros de mi hijo, separé los que están en español de los que están en inglés, lavé las fundas de los almohadones. ya con eso hice una gran diferencia, en mi opinión. los demás no se dan cuenta de nada. la cosa es que quiero que mi cocina sea más linda y por eso fui a la tienda. pero no supe qué objeto podría incorporar que fuera a aumentar su belleza, o que empezara a construir lo bello en la cocina. igual elegí un canasto de fibras naturales, donde voy a poner los repasadores y las servilletas, a la vista. después fui al correo.

en el jardín de atrás se desenvuelve el misterio de la marmota. ¿estará? ¿se habrá ido? ¿será la lluvia? ¿será que se fue la marmota más chica? la cosa es que hace días que no veo a la marmota grande aunque le puse una manzana cortada en gajos para tentarla. la marmota ha ocupado el lugar que el invierno pasado tuvo la nieve. después de un largo invierno sin nieve, encontré un objeto que la reemplaza y capta mi atención varias veces durante el día. ah! si pudiera dedicarme con la misma perseverancia a otras cosas… se secaron las plantas de tulipanes. las frutillas, en cambio, están más poderosas que el año pasado.

y ahora me voy. vamos a ver una pileta. me dijeron que es linda y que no es cara. ¿será?

mi próximo cuarto tiene que tener: 1) un ropero grande o, en su defecto, 2) espacio para poner un ropero grande.

otra vez hace frío pero la primavera ya dejó su marca con flores y brotes.

no tengo novedades en el frente amistad pero hace un tiempo que no intentamos nada. ocupaciones y, bueno, están los amigos de NY, y próximamente un par de eventos infantiles.

vi al hombre que corre, una vez, la primera de este semestre. apoya la computadora sobre dos libros muy gordos y así tipea, no sé cómo, con los antebrazos muy lejos de la mesa. pero es evidente que tiene músculos fuertes, ágiles y fibrosos que le permiten movimientos inusuales, y mantener posiciones extravagantes durante tiempos largos. todo gracias a su estado de permanente movimiento.

hoy me compré el café con uno de los free coffees que gané comprando muchos cafés durante muchos meses. tengo 8 o 9. es un buen recurso para cuando mi cuenta bancaria está casi vacía. a la tarde voy a comprar una pizza y llenar otra vez el parquímetro. casi 30 dólares en total.

esta mañana, antes de empezar a trabajar, fui caminando a la biblioteca a buscar dos libros finitos. después al café. una manera distinta de empezar el día. me gusta cambiar las rutinas. ¡qué arraigadas están!

hoy no voy a correr. un paso atrás en mi objetivo de llegar a correr media hora sin parar y con aire.

en los momentos más crudos de la escritura de la tesis me arrojaría en los tibios brazos de lo fácil en alguna de sus encarnaciones.

en el café, como cuervos, rodeamos a nuestra próxima presa -la posibilidad de un nuevo amigo/amiga. en new haven, hemos concluido, hay que encarar la amistad en estos términos. nuestra nueva actitud nos ha traído, sin embargo, algunos problemas como el tener que evitar a la presa equivocada cada vez que vamos al café. sus zapatos no mentían. su corte de pelo, tampoco.